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EL DERECHO A LA PAZ
(Lucía C. Colombato)

INTRODUCCION
CAPITULO I

EL DESARME

ANTIPERSONALES

CONCLUSIONES

CAPÍTULO III:

CONCLUSIONES

Luego de haber descripto someramente algunos aspectos del Proceso de Desarme, de aproximarnos al estudio de la Convención sobre la Prohibición del Uso, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonales y su Destrucción y de comprobar la importancia de ésta última como estrategia dentro del DIH ha llegado el momento de valorar su rol en la construcción del Derecho a la Paz como Derecho Humano. Es necesario realizar primero algunas consideraciones para lograr una comprensión más acabada del tema, en las que seguiremos fundamentalmente a Salvador Geovani Salguero en su tesis "Hacia una consolidación del Derecho Humano a la Paz.

1. Los Derechos Humanos

La noción de derechos humanos es muy antigua aunque como expresión surge después de la Segunda Guerra Mundial con la creación de la Organización de las Naciones Unidas; a pesar de ello es tarea bastante compleja conceptualizarlos. Sin embargo, podemos describir como sus caracteres fundamentales a los de progresividad e irreversibilidad que son sin lugar a dudas consecuencia de su inherencia a la persona humana, como lo sostiene Pedro Nikken en su obra "La protección Internacional de los Derechos Humanos. Su desarrollo progresivo", 1987: "Como los derechos humanos son inherentes a la persona y su existencia no depende del reconocimiento de un Estado, siempre es posible extender el ámbito de protección a derechos que anteriormente no gozaban de la misma. Es así como han aparecido las sucesivas ‘generaciones’ de derechos humanos y como se han multiplicado los medios para su protección". Es por ello que una vez que han quedado formalmente reconocidos no puede convalidarse su retroceso tornándose irrevocable.

La teoría de las generaciones

Con finalidades pedagógicas se ha sustentado una división de los derechos humanos según pertenezcan a la primera generación (derechos civiles y políticos), a la segunda generación (derechos económicos, sociales y culturales) o a la tercera generación (derechos al desarrollo, a un medioambiente sano y a la paz, también denominados derechos de la solidaridad). No compartimos esta clasificación en primer lugar porque no responde a un criterio histórico y porque de ser utilizada como fundamento para establecer jerarquizaciones llevaría a la incorrecta idea de creer que algunos derechos humanos son más importantes que otros.

A criterio de Fabián Omar Salvioli la idea de las generaciones de derechos ha sido superada por la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos; según este último concepto, ningún Estado puede considerarse respetuoso de los derechos humanos si alguna de las "categorías" no se gozan en su país.

Los nuevos derechos humanos

Actualmente la protección de los derechos humanos es definida y garantizada por un conjunto de cinco instrumentos jurídicos a los que denominamos "Carta Internacional de los Derechos Humanos" y son:

  1. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948
  2. El Pacto Internacional de Derechos Sociales Económicos y Culturales, 1966
  3. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, 1966
  4. Y los dos Protocolos Facultativos de éste último pacto.

 

"Los nuevos derechos, a los cuales nos referimos, son aquellos que no fueron contemplados en la Carta Internacional de Derechos Humanos, o sea los que abordamos cuando se trató el tema de derechos de tercera generación, que con mejor criterio comenzaremos a denominar derechos de solidaridad".

Éstos derechos de solidaridad no han sido aún definidos con precisión ni tampoco contemplados en una norma jurídica positiva internacional de aceptación generalizada. Aún así podríamos decir que nos enfrentamos a una categoría de derechos que imponen al estado además de un deber de abstención un deber de hacer, exigiendo la actuación de la comunidad internacional a través de la cooperación con los estados y organismos internacionales y erigiendo a la solidaridad social como elemento indispensable para la vigencia de todos los derechos humanos.

Se ha afirmado también la pertenencia de los derechos de solidaridad a los derechos colectivos que se inspiran en la vida en comunidad y la interdependencia, sin embargo esto no es obstáculo para que el individuo considerado unitariamente sea también titular y beneficiario de ellos.

2. La Paz como derecho humano

La construcción y consolidación de la paz constituyen tareas complejas que sólo pueden llevarse a cabo mediante la efectivización plena de los derechos humanos. En el presente párrafo citaremos textualmente a Salvador Geovani Salguero dada la rigurosidad que impone el tema.

"La consolidación de la paz sólo es lograda cuando el contenido de la paz alcanzada significa que la plena vigencia (normativa y sociológica) de los derechos humanos y no, simplemente, que se hayan silenciado las armas, pues eso advertiría la existencia de un conflicto latente o inadecuadamente tratado. Hoy podemos afirmar que las relaciones entre paz y derechos humanos parecieran formar parte de un ida y vuelta, complementariedad que, según Fabián Omar Salvioli, puede expresarse de la siguiente forma:

  1. Los derechos humanos tienen como nuevo contenido a la paz, de acuerdo a la ampliación de los tópicos que la comunidad internacional va reconociendo progresivamente como prerrogativas inherentes a todas las personas.
  2. La protección de los derechos humanos es una condición fundamental para el mantenimiento de la paz internacional, de acuerdo con lo que vienen estableciendo los instrumentos jurídicos internacionales de derechos humanos.
  3. La promoción y educación en derechos humanos es un mecanismo necesario para proceder no sólo al mantenimiento del statu quo (la ausencia de guerra), sino dentro de los procesos tendientes hacia la construcción de la paz.

 

Igualmente, planteándonos dicha relación a la inversa, se puede afirmar que:

  1. La paz ha pasado a ser un contenido de los derechos humanos.
  2. La paz no puede sostenerse sino sobre la base del respeto a los derechos humanos.
  3. La educación para la paz se nutre de contenidos de derechos humanos."

Concepto y Contenido del Derecho Humano a la paz

De la relación de interdependencia que sostenemos existe entre paz y derechos humanos surge la necesidad de concretizar el concepto y contenido del Derecho Humano a la Paz con miras a encaminarse hacia su positivización en una convención internacional que lo consagre expresamente. Esto no implica desconocer la importancia de diversos instrumentos legales que incluyen a la paz entre sus aspiraciones, sino que pretende darle un contenido más preciso que permita su observancia efectiva, es decir, su vigencia.

El Proyecto de Declaración de Oslo sobre Derecho Humano a la Paz emanado de la UNESCO, en el 1° de sus tres artículos denominado "La paz como derecho humano" proclama solemnemente la siguiente declaración:

  1. Todo ser humano tiene un derecho a la paz que es inherente a su dignidad de persona humana. La guerra y cualquier otro conflicto armado, la violencia en todas sus formas y cualquiera que sea su origen, así como la inseguridad de las personas son intrínsecamente incompatibles con el derecho humano a la paz.
  2. Todos los Estados y los demás miembros de la comunidad internacional deben garantizar, respetar y aplicar sin discriminación alguna el derecho humano a la paz, tanto en el plano interno como en el internacional.

Creemos que esta definición constituye un aporte importante, especialmente por entender a la violencia en su acepción más amplia (y no como mera ausencia de conflicto armado internacional) complementándose con el art. 2 referido a "La paz como deber" (ver punto 2 de este capítulo). Sin embargo, construye un derecho a la paz desde la faz negativa, como oposición a la violencia en todas sus formas, negándole todo contenido positivo que pudiera abarcar. Es por eso que preferimos el concepto que propone Geovani Salguero, quien "considerando a la paz bajo una dimensión más amplia (abordando tanto la dimensión tradicional o negativa de la paz y la dimensión positiva o dinámica)" y destacando su pertenencia a la categoría de los derechos colectivos, define al Derecho Humano a la Paz de la siguiente forma:

"...es el derecho de todas las personas, consideradas individual o colectivamente, a contribuir a los esfuerzos que se desarrollen para alcanzar la paz, a oponerse a todo acto de violencia y a gozar de un ambiente de armonía que permita la satisfacción plena de sus necesidades y el total respeto de los derechos humanos individuales y colectivos"

 

A partir del concepto propuesto por Geovani Salguero es posible esbozar el contenido del derecho humano a la paz, que además de consagrar una serie de facultades a favor de sus titulares y en virtud de su pertenencia a los derechos de la solidaridad, prescribe entre líneas el deber de respetar y promover los valores perseguidos otorgándole un sustento ético. Entonces el derecho a la paz comprende el derecho de todas las personas consideradas individual o colectivamente a:

  1. Contribuir a los esfuerzos que se desarrollen para alcanzar la paz (participando de organizaciones pacifistas, promoviendo la paz y proponiendo soluciones para alcanzarla).
  2. Oponerse a todo tipo de actos de violencia (incluyendo el derecho a la solución pacífica de controversias, a oponerse a todo tipo de conflictos armados, a ser un objetor de conciencia negándose a prestar el servicio militar, a plantear resistencia a los crímenes contra la paz y a luchar porque se sancione a sus responsables, a oponerse a todo tipo de propaganda a favor de la guerra, a oponerse a las violaciones masivas de los derechos humanos contenidos en la Carta Internacional de Derechos Humanos y derecho al desarme del que nos ocuparemos en el título siguiente).
  3. A gozar de un ambiente en armonía que permita la satisfacción plena de sus necesidades y el total respeto de los derechos humanos individuales y colectivos (que implica fundamentalmente el derecho a oponerse a toda acción, programa o política que signifiquen una forma de violencia estructural; el derecho a la observancia plena de los derechos humanos, el derecho al desarrollo y el derecho a una educación para la paz).

 

Éste último apartado dentro del vasto contenido del derecho a la paz es fundamental para construir su sustento ético, que permitirá a cada hombre, actuar individual o colectivamente para constituirse en generador de paz. Los procesos de concientización y capacitación para la construcción de la paz tienen su desarrollo a través de la "Cultura de la paz" y la "Educación para la paz". Así lo manifiesta el art. 3° del Proyecto de Declaración de Oslo sobre Derecho Humano a la Paz emanado de la UNESCO, denominado "La paz mediante la cultura de la paz":

  1. La cultura de la paz, cuyo fin es erigir todos los días mediante la educación, la ciencia y la comunicación los baluartes de la paz en la mente de los seres humanos, ha de ser el camino que conduzca a una aplicación mundial del derecho humano a la paz.
  2. La cultura de la paz supone el reconocimiento, el respeto y la práctica cotidiana de un conjunto de valores éticos e ideales democráticos fundados en la solidaridad intelectual y mundial de la humanidad.

En cuanto a la educación para la paz, debe tener como contenido insustituible a los derechos humanos y al desarrollo de una postura crítica en los individuos que les permita detectar factores que en el seno de la sociedad, contribuyan a la violencia y a la injusticia. "Los conceptos: educación para la paz y educación en derechos humanos son presentados, muchas veces, como análogos; eso es comprensible en la medida que paz y derechos humanos están interrelacionados. Sin embargo, consideramos que la educación sobre derechos humanos constituye el perfil más importante, pero no el único, de la educación para la paz, ya que ésta se nutre, tanto de la enseñanza de valores relacionados con la simple ausencia de guerra, como de la enseñanza de los derechos humanos y de la formación ética y ciudadana. Esto es un indicativo de que la educación para la paz constituye un mecanismo para llevar adelante la necesaria difusión de la noción maximalista de paz". (ver apartado siguiente)

3. El rol del desarme en la construcción del Derecho a la Paz

"Todas las teorías sobre la paz asumen que la misma es ausencia de violencia. Sin embargo, los tipos y niveles de violencia a considerar han provocado que se diferencien tres corrientes de investigaciones, las cuales viene al caso citar: en primer lugar, los minimalistas, son los que dan una noción más limitada de paz, o sea, sostienen que la paz equivale simplemente a la ausencia de guerra internacional, por lo cual se recomienda que se deben impedir los enfrentamientos militares que oponen a los Estados. En segundo lugar, existe una corriente intermedia, según la cual, la paz no es sólo la ausencia de guerra, sino también la ausencia de un sistema de amenaza (guerra latente), es decir, la ausencia de instrumentos e instituciones de guerra. Y, en tercer lugar, los maximalistas, son los que presentan a la paz como ausencia de todo tipo de violencia. Por ello, esa paz exigirá de una sociedad que sea reestructurada con el fin de conciliar los intereses de todos los niveles sobre el plano interno".

Después de la Segunda Guerra Mundial, durante todo el período denominado guerra fría comenzó la formulación teórica del concepto maximalista de la paz. Sin embargo en la práctica se instaló una paz armada que condujo a la paradoja de considerar a los medios armados como los más eficaces para asegurar la paz, dejando a un lado los medios de solución pacífica de controversias (Recordemos la legitimidad de las medidas de seguridad colectiva del capítulo VII de la carta de UN, que pueden utilizarse contra un Estado que represente una amenaza para la paz y/o seguridad internacionales). Entonces para todo conflicto armado se pensaba una solución militar; mientras las grandes potencias se mostraban reticentes a iniciativas que propugnaran alcanzar la paz mediante medios no armados.

Esto es consecuencia de conceptualizar a la paz como un statu quo de inexistencia de guerra, convalidando el desarrollo de la carrera armamentista. Si en cambio se entendiera a la paz desde su concepto más amplio –maximalista-, el desarme sería una prioridad impostergable, ya que, en nuestra opinión, neutralizaría el sistema de amenazas, además de colaborar con la disminución de la violencia estructural mediante la utilización de los fondos que actualmente se destinan a la compra de armas.

Afortunadamente, esta posición ha comenzado a revertirse desde el fin de la guerra fría, y la comunidad jurídica internacional ha demostrado que bajo los pilares del diálogo y la cooperación puede avanzarse hacia la convivencia pacífica. Un claro ejemplo al respecto representa el Tratado de Ottawa, en el que tanto los Estados y las organizaciones gubernamentales, como la sociedad civil en su conjunto han dado un gran paso hacia el desarme, cuestionando severamente la conducción de las grandes potencias en la solución armada a los conflictos internacionales.

La vinculación que propugnamos entre paz y desarme está contenida en el proyecto que consagra los derechos humanos de tercera generación elaborado por la Fundación Internacional de Derechos Humanos y en el proyecto de declaración de Oslo sobre el derecho humano a la paz realizado en 1997 en la sede de la UNESCO, París. El primer proyecto mencionado, previo consagrar el derecho a la paz, en su art. 5° dispone que todas las personas, consideradas individual o colectivamente, tienen derecho al desarme, a la prohibición de las armas de destrucción masiva e indiscriminada, y a tomar medidas efectivas tendientes al control y a la reducción de los armamentos, y en definitiva, al desarme general y complejo bajo control internacional eficaz. El proyecto de Oslo no menciona al desarme dentro de los derechos sino que lo ubica en el art. 2° denominado "La paz como deber" que reza textualmente: "Todo ser humano, todos los Estados y los demás miembros de la comunidad internacional y todos los pueblos tienen el deber de contribuir al mantenimiento y a la construcción de la paz, así como a la prevención de los conflictos armados y de la violencia en todas sus formas. Les incumbe en particular favorecer el desarme y oponerse por todos los medios legítimos a los actos de agresión y a las violaciones sistemáticas, masivas y flagrantes de los derechos humanos que constituyen una amenaza para la paz".

Una de las vetas más interesantes de este último artículo es la que consagra el deber de contribuir al mantenimiento y construcción de la paz, deber que está obviamente relacionado con la solución pacífica de controversias.

La solución pacífica de controversias

La Carta de Naciones Unidas, en su art. 2° numeral 3 establece como principio la solución pacífica de conflictos, diciendo textualmente: "Los miembros de la organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos, de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz ni la seguridad internacionales ni la justicia". También consagra la libertad de elección de los medios, libertad que en algunos casos atenta contra la solución del conflicto.

Los medios legítimos de solución pacífica de controversias se clasifican en diplomáticos (aquellos en los que la solución se alcanza mediante el acuerdo de partes) y jurisdiccionales (donde la decisión está a cargo de un tercero independiente que ejerce funciones jurisdiccionales y cuya decisión tiene carácter obligatorio para las partes). Dentro de los primeros podemos mencionar como los más comunes a: la negociación, los buenos oficios, la mediación, la conciliación internacional, la investigación internacional y el recurso a los organismos internacionales.Respecto de los medios jurisdiccionales incluimos en primer lugar al arbitraje y en segundo lugar al arreglo judicial, que es función de la Corte Internacional de Justicia en jurisdicción voluntaria.

Siguiendo a Salvador Geovani Salguero, consideramos que "es pertinente establecer que la búsqueda de la paz por los medios enunciados y explicados no sólo significa un deber por parte de los Estados. La evolución que ha experimentado el derecho Internacional exige que a los nuevos sujetos se les considere obligados a pretender la solución pacífica de controversias que atenten contra la paz internacional, por cualquiera de los medios enunciados, cuando estuvieren facultados para acceder a ellos (...). El deber de buscar la paz por medios pacíficos entraña, como contrapartida, un derecho a gozar de la paz que pudiera alcanzarse por parte de los beneficiarios de la misma."

4. Consideraciones Finales

  1. El derecho a la paz como derecho humano: Desde que el mantenimiento de la paz se ha constituido en uno de los objetivos fundamentales de la Comunidad Internacional, ésta ha pasado a formar parte del contenido de los derechos humanos, con sus notas características de inherencia a la personalidad humana, progresividad e irreversibilidad; y especialmente de los denominados derechos de la solidaridad que abarcan no sólo el aspecto negativo, sino también el aspecto positivo de la construcción de la paz.
  2. Importancia del desarme en el derecho humano a la paz: Adhiriendo a la concepción maximalista de la paz, creemos que ha quedado demostrada la relevancia del desarme en la construcción del derecho humano a la paz, especialmente en su contribución a la neutralización del sistema de amenazas, en la disminución de la violencia estructural y en general, en la oposición a todo tipo de violencia. También consideramos que resulta necesaria la participación activa de todos los sujetos en pro del desarme, de la solución pacífica de controversias, del desarrollo de una cultura para la paz y de la observancia plena de los derechos humanos para que el objetivo de una paz firme y duradera deje de ser una utopía.
  3. De lege ferenda. Estimamos oportuna y necesaria la creación de una Declaración Internacional de carácter universal dedicada expresamente a los Derechos de la Solidaridad, particularmente al Derecho a la Paz como derecho indispensable e inalienable de todos los Hombres.

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