Lo vi llegar en su caballo blanco
(un Ford BB del '32)
con un chambergo gris
algo mellado por el viento
a manera de yelmo
Probablemente portaba su armadura
bajo ese horrible traje negro
de profesor de historia
Me pregunté dónde escondía la espada
para cruzar los Andes
(Lo miré ensordecida
tan poderoso
era el temblor bajo mi pecho)
Una hoja de roble brillaba en su solapa
cuando desestribó
Entonces comprendí de qué hablaríamos
en las siguientes décadas
(Todo ese tiempo por delante
que era azul y dorado y parecía infinito)
Recité tres conjuros
Aviesamente
lancé mi mirada de monte-en-llamas
(un secreto que sólo comparto con mis hijas)
y me apresté a escucharlo
Aún conversábamos
cuando el lucero desplegó las alas
y silenciosamente se asomó por la ventana |