
EL ORIGEN MESTIZO DE SAN MARTIN
Transcribimos a continuación el trabajo del historiador Hugo Chumbita acerca de la filiación indoamericana del Libertador general José de San Martín. En el diálogo , que el diario La Arena reprodujo en dos ediciones, , el investigador pampeano reivindica la proyección americanista del prócer argentino. El autor de la entrevista, Raúl Celso D'Atri, facilitó a PAMPAPAPALABRA este texto cuyo contenido plantea la necesidad de inaugurar un debate nacional en torno a nuestra identidad .
José de San Martín ha sido durante dos siglos un enigma.
Ya es tiempo de develar el secreto más persistente de la historia argentina: su origen mestizo, su mitad guaraní, la raíz escondida e inconfesable de su rebeldía contra la injusticia colonial. Algo que latía en sus venas y que no podía decir: la clave del misterio signó su trayectoria. Si pensamos, con Mitre, que "pocas veces la intervención de un hombre fue más decisiva que la suya en los destinos de un pueblo", conocer su procedencia, su conflicto, las razones viscerales de su causa, es una manera de acercarnos a comprender los orígenes de nuestro país.
La incertidumbre y la oscuridad al respecto han durado doscientos años ¿Cómo no se encontró su partida de bautismo? ¿Por qué tantas ambigüedades sobre su fecha de nacimiento, los estudios en España, sus relaciones familiares? ¿Por qué un soldado formado en Europa veinte años sirviendo a la Coronaresolvió alzarse contra el Rey? ¿Cómo es que fue el único de los San Martín que volvió, adonde nadie lo esperaba, a ofrecer sus armas a la Revolución? ¿Por qué y hasta qué punto se comprometió con la Gran Reunión Americana de Miranda y con las redes masónicas? ¿Qué lazos lo unían a Carlos de Alvear, con quien formó el grupo de oficiales reunido en Londres? ¿Por qué lo apadrinaron los Alvear en Buenos Aires? ¿Cuáles fueron sus desafectos con la aristocracia porteña? ¿Por qué se empeñó en la emancipación sudamericana por sobre cualquier otro proyecto de partidos, gobiernos o repúblicas? ¿Cómo se explican sus renunciamientos, su negativa a volver a pisar España, su exilio y su silencio? ¿Por qué, a pesar de todo, pidió que sus restos retornaran a Buenos Aires?
Un oscuro oficial
A su regreso en 1812 fue recibido con desconfianza. A diferencia del galante y mundano Carlos de Alvear, él no tenía fortuna ni alcurnia. Era de piel morena, el pelo lacio y renegrido. Corrían rumores sobre su condición mestiza, y la madre de Remedios de Escalada se opuso a que la casaran con aquel oscuro plebeyo.
Recién llegado, pidió que le mandaran a Buenos Aires 300 mozos guaraníes de las Misiones para formar su plantel de Granaderos. La Logia Lautaro, que fundó junto a Alvear, se movió en las sombras, enfrentando al grupo rivadaviano. Pero luego Alvear se entendió con Rivadavia y, en pugna con el artiguismo, se extravió en un plan de poder personal, llegando a solicitar la protección británica. La Logia entró en crisis: ¿estaba realmente subordinada a Londres? En cualquier caso, el propósito era liberar el continente, más allá de los intereses del círculo de hacendados y comerciantes en que se apoyó el poder directorial.
En la campaña de Chile, cuando apresaron al general español Marcó del Pont, que había pretendido injuriarlo invocando la oscuridad de su piel, San Martín lo saludó con ironía: "¡Venga esa blanca mano!" Rehusó defender al gobierno porteño de la insurrección federal, acaudilló a su propio Ejército rebelde y marchó al Perú con el respaldo chileno. Muy cerca de la culminación, optó por hacerse a un lado. Su encuentro con Bolívar quedó velado por un silencio impenetrable.
No quiso entrar en la guerra de unitarios y federales. Se fue a Europa, y sólo se llevó a su hija. Cuando intentó volver, lo disuadieron las renovadas furias e intrigas partidistas. Se alejó, resignando para siempre cualquier ambición. Después, apoyando la resistencia al bloqueo anglo-francés, San Martín legó su sable a Rosas, algo que para muchos fue imperdonable.
Interrogantes y respuestas
A lo largo del siglo XX, una caudalosa bibliografía enfocó las vinculaciones de San Martín con la política británica y francesa y con la masonería, planteando en forma recurrente la cuestión de sus motivaciones. Si fue tan corta su vivencia infantil de América, si apenas tenía de ella una borrosa imagen, si era un español de pura cepa, si no tenía a nadie aquí, si debía todo a sus padres hispanos y al Reino, es difícil creer en su patriotismo como una pasión determinante, y resulta verosímil la hipótesis de que inicialmente fuera un mercenario o un agente masónico de los proyectos británicos o franceses.
Existe, sin embargo, otra explicación: él era mestizo, de sangre española e indígena, y sufría en carne propia la brutal injusticia del coloniaje que le arrebató a su madre natural. Partiendo de esa versión y los indicios expuestos en un libro que publiqué este año ("Jinetes rebeldes") obtuve la confirmación a través de testimonios concordantes de dos ramas de descendientes de Carlos de Alvear, basados en antiguos documentos de la familia. Los mismos datos que, por otras vías, encontró José Ignacio García Hamilton en la investigación para su biografía "Don José" que acaba de aparecer, corroborados por las memorias manuscritas de Joaquina, una de las hijas de Carlos de Alvear, que obran en poder de Diego Herrera Vegas. Según tales evidencias, José de San Martín era medio hermano de Carlos, por el lado paterno; y su madre era guaraní...
Los hijos de Diego de AlvearEl futuro brigadier de la Armada española don Diego de Alvear y Ponce de León (1749-1830), nacido en Montilla (Córdoba), con ascendientes nobles en Burgos, iba a cumplir 24 años cuando arribó al Río de la Plata en 1774. Tomó parte en las acciones contra los portugueses disputando la Colonia de sacramento y la isla de Santa Catalina, y luego contra los ingleses por las costas del Brasil. En 1778 dirigió una división encargada de ejecutar el tratado de límites sobre los ríos Paraná y Uruguay, iniciando el reconocimiento que se prolongaría durante más de dos décadas.
Entonces, en algún lugar de las antiguas misiones jesuíticas, el inquieto marino se relacionó con una joven guaraní (según una versión oral popular se llamaba Rosa Guarú) que engendró un niño. Lo encomendó al teniente gobernador de la reducción de Yapeyú, el capitán Juan de San Martín, y a su señora Gregoria Matorras, de 40 años cumplidos, que tenía cuatro hijos. Ellos se avinieron a criarlo como propio, y el niño fue José Francisco de San Martín.
La familia tuvo que irse de las Yapeyú tras un desafortunado conflicto con los guaraníes de Santo Tomé. Doña Gregoria marchó primero con los niños; don Juan fue cesando en su cargo, se reunió con ellos en Buenos Aires en 1780, y tres años después viajaron a España. Radicados en Málaga, pasaron penurias económicas, pero cuentan que Diego de Alvear, que no olvidaba su responsabilidad hacia José Francisco, costeó los gastos para que siguiera la carrera militar.
En 1781 Diego de Alvear conoció a Maria Josefa Balbastro, hija de rico comerciante aragonés de Buenos Aires, con la que se casó, la llevó a las Misiones, a Santo Ángel Custodio, y tuvieron nueve hijos, uno de los cuáles fue Carlos, nacido en 1789.
Don Diego retornó con los suyos a Buenos Aires en 1801 y concluyo los relevamientos. En 1804 se embarcó hacia España, pero al llegar se produjo un combate con navíos Ingleses, pereciendo la esposa, siete hijos, un sobrino, cinco esclavos y la mayor parte de los bienes de don Diego.
Prisioneros en Londres, Alvear y su hijo Carlos fueron alojados y tratados caballerosamente. Carlos pudo estudiar y a don Diego le indemnizaron las pérdidas: lo atendió George Canning, que era tesorero de Marina, y establecieron una relación amistosa. Además, conoció una joven inglesa, Luisa Ward, con quien contrajo un nuevo y feliz matrimonio y tuvo más hijos.
En 1806 regresaron a España, don Diego ocupó nuevos destinos militares y retomó contacto con los San Martín. Los ayudó y mantuvo un trato afectuoso con su hijo José Francisco. Carlos, quien también hizo la carrera de las armas, supo que aquél era su medio hermano y fueron grandes camaradas. En 1808, con la invasión napoleónica, los británicos pasaron a ser aliados y enviaron tropas a la península. Al producirse la Revolución de Mayo, Carlos y José concibieron juntos el regreso, contando con la ayuda de los encumbrados parientes de su padre en Buenos Aires.
Buscar a la madre
San Martín y los demás que conocían su filiación guardaron siempre reserva. Para ingresar a su carrera en España fue necesario acreditar que era hijo legítimo, y todos ellos quedaron obligados a mantener esa ficción. En cierto sentido, él vino a América a buscar a su madre. Habló muy poco de sí mismo, y cuando lo hizo omitió referirse a su origen.
Hoy tenemos derecho a saber quién era José de San Martín y a indagar sobre ello. La privacidad de los hombres públicos no puede ser una valla cuando se trata de esclarecer los acontecimientos históricos.
Reconstruir la verdad y reinterpretar el pasado a la luz de estos nuevos datos no es una curiosidad: la condición de mestizo, la impostura en la que se vio obligado a vivir, la relación con su padre natural, fueron componentes decisivos de la personalidad y del rol que desempeñó cuando apostó todo a fundar la Nación.
Esta historia tiene un profundo significado. Don Diego de Alvear tomó una mujer guaraní tal vez por amor, en una relación típica de la conquista, en la que el europeo ejercía un abuso inadmisible. Los cruces interétnicos estaban prohibidos por la legalidad colonial. En el marco de una dualidad que podemos entender pero no justificar, don Diego violó la ley y ocultó su falta, como tantos otros conquistadores a lo largo de tres siglos. Se hizo cargo de su hijo y le buscó un hogar, lo cual, en aquel injusto dilema, era una salida. Implicaba, por cierto, una falsedad, una situación perturbadora, en particular para el hijo privado de su verdadera madre, de su identidad: acaso uno de los males más extensos del tejido social americano.
José de San Martín padeció su "destino sudamericano": no saber quien era, el extrañamiento, la insondable ausencia materna, la conciencia de ser hijo de la violencia de los dominadores sobre los pueblos nativos. Se alzó desafiando al mundo de su padre. Transformó su humillación en rebeldía política. Lo habían educado para guerrear, y le hizo la guerra al rey. Luchó por la igualdad, contra la opresión racista de "los godos". Nada menos que eso: una América independiente y una Europa liberada de su propia alienación colonial.
La persona, la memoria uy la significación de San Martín no son patrimonio de una familia, ni siquiera de un país. Es una figura americana y universal. Es hora de terminar con los engaños y saber quién fue.
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