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Recuperación de fuentes. Nota I

ARANDO EN EL DESIERTO   I
Los testimonios fotográficos del poblamiento francés de Telén, Gobernación Nacional de La Pampa Central, en la primera década del siglo XX.

                                                                    Ana María Lassalle alassalle@cpenet.com.ar

Este trabajo tiene como finalidad llamar la atención de la comunidad de investigadores sobre el valor como fuente de una sesentena de fotografías que testimonian distintos momentos de la etapa poblacional de Telén y de su zona circundante durante la primera década del siglo.

Aunque para aquilatar su valor en tanto son portadoras de información única para la comprensión del pasado y de la primigenia organización social de origen francés instalada en el área de Telén a instancias de su fundador -Alfonso Capdeville- basta una mirada, lo cierto es que se trata de un material complejo. Esta cualidad seguramente obligará a los investigadores a reiteradas frecuentaciones, requerirá de un marco conceptual y de ciertos presupuestos previos antes de proceder a su utilización.

Primer indicio: La descripción formal

La fuente está constituida por un álbum de considerables dimensiones (25 cm de lado por 35 cm de ancho) de tapas duras, jaspeado en marrón y bordeaux. La cubierta superior está adornada con dos filetes dorados paralelos al canto y una ilustración.

Los filetes se repiten, atravesando sendas esquinas, a la derecha. Un grabado en el que predomina el tono azul cielo, ubicado en el ángulo superior izquierdo, muestra a una joven muy bella, europea, que -ataviada con un vestido liviano y una flor en sus cabellos suavemente ondulados- está a punto de tomar una foto. Con aire soñador, de pie en el campo, acciona su cámara (del tipo chambre noire de touriste) rodeada de flores silvestres. Se trata, sin duda, de la belle saison y tanto su pose como el petit château que ha dejado atrás, señalan su procedencia y su condición social. También remiten a la abundante bibliografía existente sobre "mujeres y fotografía", y a la identidad que la ideología predominante en la época atribuía en el pasado tanto a la fotografía como a los amateurs que se dedicaban a esa actividad. ("Pictures have been seen as feminine, deceptive and irrational when compared to words, which are male, truthful and rational")

El interior del álbum está formado por diecisiete hojas de cartón duro, de un color celeste claramente desvaído por el tiempo. Es sobre ellas que han sido pegadas las copias fotográficas, la mayoría en tamaño "tarjeta postal". Resulta sugestivo y configura de entrada un escala de clasificación que no puede ser obviada el hecho de que existan también una veintena de copias de dimensiones mucho mayores ( 21cm por 16 cm) que desocultan, al menos en una primera lectura, tanto la intencionalidad de los textos como la progresión jerárquica y temporal otorgadas por el coleccionista, también muy notables en las páginas que contienen más de una fotografía. Y pese a que la colección ha sufrido una intensa manipulación, felizmente bajo cada una de las tomas existe una anotación a modo de título que favorece el trabajo de clasificación e inventario. Es probable que su presencia se deba a la intención original de ubicar al observador y, en algunos casos, remarcar aún más el trabajo de cámara señalando al espectador donde fijar la atención.

Estas anotaciones, manuscritas en tinta negra, en francés, facilitan el reconocimiento de cada sitio, no así el de las personas fotografiadas que, salvo algunas excepciones, serán individualizadas en el curso de la investigación mediante otras técnicas. Aunque identificar a los personajes resulte tal vez menos importante que comprender sus circunstancias.

Sea como fuere, si lo que se desea es un aprovechamiento óptimo de esta fuente, el análisis deberá apuntar al menos, entre otro sinnúmero de elementos, tanto al propietario del álbum como a la propia colección así como indagar sobre la calidad de la relación del fotógrafo con la realidad y acentuar la observación sobre los determinantes técnicos, sociales y culturales que influyeron sobre él. La comprensión de la calidad de estas influencias, de acuerdo a las modernas teorías sobre la percepción visual, guiará a los investigadores hacia una mejor visualización de las intenciones del fotógrafo y de su particular construcción del Otro -en este caso el far west pampeano- construcción que alcanza a las personas que conforman esa particular sociedad, a sus creencias y valores y al medio natural que los contiene y que construye su identidad.

La prueba del "progreso"

Estas copias "mayores" parecen haber sido seleccionadas por la contundencia que de ellas emana, contundencia destinada a demostrar el adelanto alcanzado en la estancia-pueblo de Telén. Tienen la intención de testimoniar el incipiente crecimiento de la futura planta urbana -resultado de la instalación de artesanos y comerciantes a instancias de Capdeville, propietario de las tierras- y el comienzo de la promisoria producción rural. "...el casco del establecimiento tenía calles delineadas y muy pobladas de casitas blancas (...) Había un generador eléctrico de 220 volts y 25 amperes que bastaba para alumbrar todos los edificios y calles, y que convirtieron a Telén en el primer pueblo (y seguramente también estancia) alumbrado con luz eléctrica" . Sin duda las vistas son atrayentes y capaces de conmover, sobre todo al observador blanco extranjero, demostrándole, de manera "irrefutable" que el mítico, el aterrador "desierto de La Pampa Central" que pobló sus lecturas infantiles había sido derrotado. En Telén, afirman estas imágenes, los sueños de "progreso" están en vías de hacerse realidad gracias al "trabajo", la "educación", "el poblamiento", "la ciencia" y demás valores sustentados entonces por buena parte de la clase dirigente argentina y compartidos por un sinnúmero de inmigrantes. Y, aunque por entonces la palabra "progreso empieza a ser sinónimo de especulación y negociado, y la politiquería invade las relaciones sociales anegando de corrupción y violencia la vida argentina", lo cierto es que en Telén los rápidos beneficios obtenidos durante su etapa fundacional y el carisma de Capdeville –su fundador- no dejan espacio al desaliento. Estos testimonios de un sueño alcanzable se ven apuntalados por los continuos actos de fe de Capdeville (a menudo expuestos a la opinión pública) quien no desaprovecha ninguna ocasión para publicitarse y publicitar su determinación de ocupación y puesta en producción de esa porción del territorio. En una carta abierta publicada en el diario La Capital el 1º de mayo de 1901 (año de la fundación del poblado de Telén) dirigida a José Luro -por entonces gobernador del territorio- Capdeville preconiza, conmovido por la conciencia del propio sacrificio: "A nosotros, los obreros de la primera hora, nos ha tocado lo más duro de la tarea; afirmar los guadales, abrir los caminos, reconocer el suelo y el subsuelo, buscar las vertientes, hacer plantaciones, gastar en mil ensayos el muchas veces escaso producto de la ganadería, cercar, edificar, etc...." y más adelante afirma, inflamado de fe ..."la transformación se hará y se hará sueño una realidad, se levantarán pueblos y ciudades, vivirán sobre estos arenales grandes aglomeraciones humanas y será entonces la República una de las más poderosas y ricas naciones del orbe". Tal era el discurso oficial utilizado por este leader. Otros lo adoptarían. Nuestro fotógrafo entre ellos. Solo que en lugar de palabras su relato -el de la gesta de los franceses de Capdeville arando en el desierto- estaría hecho de fotografías.

Por entonces la respuesta de José Luro resultó poco complaciente. Pero Capdeville alcanzó lo que se proponía: llamar la atención y, muy probablemente, enrolar adeptos. Esta carta, como también las tomas fotográficas que nos ocupan son -de algún modo no siempre tan sutil y naïf como parece a primera vista- textos propagandísticos, plenos también de información sobre el significado, el uso y la relevancia de la fotografía en Telén, durante su etapa fundacional.

"La distancia era el cerco"

En efecto, esta colección fotográfica puede, entre múltiples lecturas, ser visualizada como parte de la estrategia de encandilamiento y atracción de inmigrantes, destinados a ahuyentar a la barbarie mediante la aplicación de un fórmula mágica: la del poblamiento. Una barbarie asociada a la idea de última frontera, tema tan caro al pueblo como a decenas de narradores que, siguiendo la huella trazada por escritores como Esteban Echeverría o José Hernández, contribuyeron a instalar una particular idea de desierto en el imaginario colectivo. Desierto plagado de peligros, casi siempre invencible y, por ello mismo, irremediablemente fascinante. Desierto que debía ser derrotado como condición para alcanzar ese sueño fantástico de "hacer la América", mito que en La Pampa corresponde más que al del poblamiento al "ciclo aventurero" y "al regreso con las arcas plenas" que tan bien a descripto José Prado. Un sueño atroz y bello que canturrea acunando el genocidio. ("...Suprimir los indios y las fronteras no implica en otros términos sino poblar el desierto... No suprimiremos al indio, sino suprimiendo al desierto que lo engendra...")

El desierto era, a fines del siglo XIX, esa tierra de nadie, hecha de insondable lejanía. La decisión de "revolearle el poncho al arreo" e irse "más afuera", afincarse en campo abierto ("poblarse") y convertirse en padentrano, en los pagos sin dueño, era tomada frecuentemente, tanto en los relatos orales como en los escritos, por un joven héroe dispuesto a enfrentarse con el horror de lo desconocido, para acudir al llamado de un destino improbable. Esa postrer frontera que muchos ubicaban en la zona aledaña a Victorica y a Telén, este último punta de riel del F.C.O. y también percibido como "un alto en el camino" en el que podían reponerse las fuerzas y templarse el espíritu antes de encarar la inmensa travesía que llevaba al ocaso. "... A poco que el poblador pisó los campos de Victorica comprendió que por propio comedimiento, se había ganado una prisión: la distancia era el cerco. Podía un hombre tranquear semanas; aquella selva de La Pampa Central no se cortaría ni cambiaría en nada. Quién no fuese rumbeador, a poco de retirarse del real, corría el peligro de no acertar más con el lugar en que se voleó la pierna para montar a caballo".

El fotógrafo en el espejo

Capaces de detener el reloj en un tiempo tan conflictivo como el de la Conquista del Territorio, plenas de ambigüedades, estas tomas constituyen una fuente valiosa que, como toda fuente histórica, precisará ser interpretada y completada con otras evidencias.

Hay algo presente en ellas que fascina y repele al mismo tiempo: aquello que se expone -amasado de esperanzas- y aquello que se oculta y se amordaza: las huellas invisibles de una cultura exterminada. Preciso es convenir que lo que no se ve, lo que ha sido desechado o apenas remarcado, es tan poderoso y sugestivo como lo que se muestra a nuestros ojos.

Por ello el examen no puede prescindir del fotógrafo. Fotógrafo que, como sucede habitualmente, al retratar a otros desnuda su alma en el espejo. Fotógrafo por ahora anónimo pero reconocible. De aquellos que hubieran merecido ser bautizados con el título de "sociólogos con cámara" (así fueron llamados mucho más tarde, en la era de la Depresión, por el célebre fotógrafo Ansel Adams). Fotógrafo este de Telén, del sabemos que no solo fue un observador detallista sino, al menos por un largo tiempo, miembro de un grupo social que estaba en vías de representarse a sí mismo.

Un creador más -y no por eso menos importante- de una cierta cultura del "far west" pampeano, casi nunca situado fuera de ella, salvo que se tratara de retratar criollos y "paisanos". Y es la existencia dentro de la colección de una única toma, la "antropológica" -hecha a la medida del posteriormente célebre National Geographic Magazin que muchos de nuestros abuelos devoraban- esa que muestra al rancho hecho con paja vizcachera y tierra humedecida con agua de jagüel o de surgente (los manantiales que tanto goza retratando) y a sus habitantes, sus enseres, sus oficios artesanales, los hijos innumerables, las mujeres paupérrimas, la ajenidad, en suma, la que mejor nos sirve para definir a este fotógrafo. La que revela un aspecto esencial de su personalidad compleja, como la de todos los humanos: aquello que no es y lo que nunca le será dado comprender.

Construyendo y deconstruyendo el desierto

Son ocho las fotos "mayores" que retratan el desierto, un desierto insondable que reafirma su presencia y se pone de pie al conjuro de este profesional observador que impone su poder y su autoridad: el estuvo allí, es su testigo. Ha detenido el espacio y el tiempo para nosotros y también para nosotros ha construido los símbolos. He aquí la esencia del poder del fotógrafo: él puede paralizar los relojes, desocultar lo escondido a los ojos, descontextualizar el tiempo y el espacio y construir un texto visual atemporal -eternamente instalado en el presente- que habrá de sobrevivirnos. Un texto del que, además, podrá jerarquizar sus contenidos.

Un ejemplo de esta jerarquización es el tratamiento fotográfico destinado a este particular desierto de La Pampa que, para nuestro fotógrafo, no es un tema menor.

En principio, construye su belleza. Una belleza que le ha sido dada por la distancia, una distancia que se pierde en el horizonte pero también en la anchura, que le otorga el uso del gran angular. La técnica, no por conocida produce menos resultados: un primer plano de pastizales naturales hechos para la lucha contra la fiereza de un medio ambiente inhóspito y, más tarde, "volteados" o vencidos por las rastras o el arado. Enseguida, un altísimo cielo que se abraza en la lontananza con la línea del horizonte. Son tomas realizadas en días serenos, apacibles, que esconden el embate del viento, el "de adentro" y el "de afuera".

Construido el desierto se pasa a su deconstrucción. El sistema adoptado es el de mostrar filas de bueyes y aradores, o carretas repletas de lana o edificios alargados a punto de ocultar el horizonte: el poblamiento está en marcha. Por otra parte, las carretas utilizadas en la época en todo el oeste pampeano son imponentes: "...Tenían 3 o 4 metros de alto y unos 20 pies de largo, con ruedas traseras de tres metros y de 1 metro las delanteras y abriendo hondas huellas trazaban los caminos (...) Cuando llegaban llevando lana en tropas alineadas, a la estación ferroviaria para descargar, era como una fiesta para la población." Y el clima retratado es el mejor, si se tiene en cuenta que al año son dos las zafras laneras que se realizan: en la primavera y en el otoño. No menos impresionantes son las tomas de hombres y bueyes arando en el desierto que, como sucede siempre con las fotografías, ofrecen un paralelo entre lo visual y las ideas de la época.

Fotografiar la esperanza

Por momentos, el observador -que debe ser incorporado al análisis- llega a preguntarse qué se está fotografiando: si los objetos, los valores, las relaciones interpersonales, la pertenencia y el rechazo o los espacios poder... ¿O es ésta acaso una manera de fotografiar la esperanza?

¿Cómo se construyeron estas imágenes en el pasado? ¿Cuál será la forma correcta de abordar su estudio en el presente? Aún si somos conscientes del proceso subjetivo por el que han atravesado ¿seremos capaces -a costa de sumergirnos en un cuidadosísimo análisis- de utilizarlas de modo tal de contribuir a una mejor comprensión histórica del far west pampeano? ¿Hasta qué punto ejemplifican ese universo del pasado?

Lo cierto es que iluminan el pretérito, tanto como a nuestro propio y desafiante presente.

 

Bibliografía

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